A NUESTRO PRIMER ASISTENTE

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COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO 

Largos caminos

de abecedarios

clavados en el alma,

despiertan

mis pasos

de un son monótono.

 

Todo está frío,

muy desnudo,

sin nervio,

sin corazón,

helado todo,

hasta mis lágrimas.

 

Nada es lo que fue,

la muerte parece

haber deshojado

mis latidos;

no importa,

renaceremos otra vez.

 

Tras el invierno,

primavera vuelve

con deseos

de avivar cuerpos,

el viento ríe

soplando apacible.

 

Que ningún momento

te atormente,

querámonos

a corazón abierto,

que tras el deshielo

llega la vida.

 

Es la canción

más alegre,

más deliciosa,

pues abrazando

la existencia,

nos recrea y nos crea.

 

Que el Señor nos proteja,

cuide de nosotros,

sea la luz que nos ilumina;

pues por Él somos, sin ser;

y, al no ser, buscamos

la verdad de lo que fui.

 

Susténtame Padre

en tu poesía,

sostenme Hijo

entre tu palabra,

tú que vives, en Espíritu,

sobre toda vida.

 

Amémonos sin temor,

tres personas

nos aguardan

y un solo Dios creador,

de pulso níveo,

y de pausa eterna.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

14 de enero de 2017

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